Recupero la conciencia de un golpe seco, pero amortiguado, como sumergido en un líquido.
Oscuridad, no puedo ver mucho salvo unos reflejos azules, la luz se refracta en el movimiento del líquido en el que estoy merdo
Sabe a hierro y sal, su densidad es baja, pero lo suficientemente densa para mantener mi flotabilidad neutral.
Al tacto es frío y, a pesar de no escuchar ningún sonido más que el del líquido moverse y mis pulsaciones, siento alivio.
Al fin he tocado el suelo.
Desde este punto, solo es posible impulsarme sobre la arena rubia que amortiguó mi golpe.
La superficie me espera y, está vez, siento el gusto de la orilla.

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