Hay momentos en los que no reaccionar lo cambia todo.
No solo en un bosque.
También en una mirada que busca provocarte.
En una palabra lanzada para sacarte de tu centro.
En el ruido que espera tu respuesta.
La presencia no discute.
No se defiende.
No corre.
Permanece.
Y cuando permaneces, muchas cosas dejan de tocarte.

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