De su boca emitía un hálito venenoso de color negro y, de sus alas negras, al entrar en contacto con la tensión, se desprendía un líquido llameante que tardaba meses en apagarse.
Allá donde iba, dejaba su rastro destructivo.
Un día, ya semi consciente de su condición, un demonio de más poder logró sacarlo de control, apagando las llamas de sus alas y acusándole frente al mundo de ser un monstruo. Aquel ser maquiavélico y destructivo había logrado diezmar, controlar y desechar a la bestia.
Pero este demonio logró,en aquel proceso de desgaste, no sólo ver sus capacidades para el horror sino que, al ver sus alas apagadas, pudo vislumbrar como sería un mundo sin emanar maldad y muerte...
Pues somos lo que tenemos, lo que emitimos solo nos enseña que hay dentro.
Aquel demonio aprendió a integrar su poder en un lugar en el que pudiera controlarlo.
El ser maquiavélico, sin darse cuenta ni voltear a mirar, le salvó de su autodestrucción.
'paradojas fantásticas - tomo 232"
No hay comentarios:
Publicar un comentario