viernes, 13 de junio de 2025

Iteración

Inhalo con fuerza, el humo inunda mis pulmones, el hombre que se sienta a mi lado me mira.
- Rellenas tu vacío y, así, logras evitarlo
Exhalo suavemente, el humo ocupa gran parte de la sala y, esta, como reaccionando a la toxicidad de mi acción, se contrae. El hombre sentado a mi lado mira fijamente hacia la habitación, ahora más pequeña.
- Mientras evitas el vacío,  escapas a su comprensión. 
Sus palabras no habían sido de gran relevancia hasta este momento que, como si tirase de mí, logra despertarme.
Inhalo con fuerza, más que antes, el corazón se me acelera, el hombre sentado a mi lado se pone una boina de cuero color caqui. 
- Sólo abrazando el vacío podrás comprenderlo.
Exalo con más fuerza, apuro la acción ya que, en mi interior, se que necesito el desenlace.
Un rugido sordo inunda la sala, las paredes vibran fuertemente mientras se acercan más y más. La temperatura aumenta. El hombre sentado a mi lado se quita el sombrero y vuelve a mirarme.
- Deja que sangre, comprende tu dolor pues, sólo a través de él, aprenderás la estrategia para soportarlo.
Una lágrima recorre mi ojo izquierdo mientras recuerdo los últimos años, un alud de imágenes inunda mi mente, siento que me falta el aire.
Tiro el cigarrillo.
Al tocar el suelo, la habitación se desmorona, solo escucho el estruendo de la cerámica haciéndose trizas ante mis ojos. Algo golpea mi cabeza y quedo inconsciente.
Al despertar, la escena ante mí ha cambiado completamente. Una sala de dimensiones titánicas, muy parecida a un pasillo para gigantes egipcios, se muestra imponente. Apoyo mi mano en el suelo, el eco hace resonar la sala, invitándome a medir, como si de un sónar se tratase, la inmensidad del lugar en el que me encuentro. 
Al fondo, muy a lo lejos, una enorme tormenta de arena cruza de lado a lado del inmenso pasillo. Vuelvo a recordar las palabras del señor que estuvo sentado a mi lado: "deja que sangre".
Me acerco lentamente, observando cada detalle de aquella preciosa sala, escuchando el eco de cada uno de mis pasos. Poco a poco, el sonido de la brutal tormenta de arena toma protagonismo, impidiendo que pueda centrarme en nada más. 
- Allá vamos - digo con voz temblorosa. Me coloco la caperuza y me tapo la boca y los ojos con las manos.
"Deja que sangre"

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